Estoy aquí sola en mi cama, y sé que no hay palabras mágicas que te traigan al hueco que para ti guardan mis brazos...
Pero te presiento cerca y abrazo mi almohada, ella me acuna en silencio, también me arrulla la luna, y vuelvo a pensar en tu mirada cálida, imagino el aliento que escapa de entre tus labios, como un tierno efluvio que acaricia mi piel, si aprieto los ojos concentrándome mucho, escucho el latido de tu corazón ardiente, un poco más...
Ahora disfruto la explosión de los sentidos que mi alma encarna cuando me rozas...
Ya tengo suficiente motivación para desplegar las alas a favor del viento, dispuesta a volar a tu lado en mitad de esta noche invernal...
Y mientras duermes intento colarme en tu corazón como una intrusa, quiero sin pudor desnudarlo, buscándome, y me muevo a su alrededor rondándolo, como un ladrón, que aún temiendo ser descubierto, no es capaz de abandonar el precioso objeto que pretende...
Al fin consigo entrar sin despertarte, y me veo instalada en él como una reina, con saber que estoy me conformo, y brotan sin explicación...
El agua como los sentimientos son difíciles de contener, pensando en nosotros resbalan las lágrimas...
Tu piel sigue viva en mi tacto, te he acariciado esta tarde, y te miro y no puedo evitarlo, quiero saborearte otra vez...
El tacto sedoso de tu hombro se pega a mi lengua, y te cojo de la mano y te levo a mi castillo en pos de todos los ortos que nos quedan...
Y despierto en mis frías sábanas...
Sola...
Recuerdo una explosión de luz y amor, de amanecer y ú estar.
Me queda ahora respirar hondo y creer en tu promesa de volver, recuperar las fuerzas en el descanso que propician los sueños, despertar, mirar a los lejos por mi ventana, escribir más poemas que hablen de ti, romper mis huesos contra molinos de viento, atravesar desiertos diciendo una y otra vez que te quiero, que más que nunca te sigo queriendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario